Entrevista Albert Villanueva

Entrevista Albert Villanueva

¿Qué te llevó a explorar el tema del rencor y la venganza en «Rencores: El segundo caso del inspector Pruna»?

El ser humano se ha movido siempre por los impulsos de sentimientos primarios: el amor, el desamor, la envidia, el odio, el rencor… En el fondo, todas las novelas hablan de eso, sean de género romántico, histórico o policíaco…

En mis novelas siempre hay una mirada al pasado. Y es en ese pasado donde un hecho concreto actúa como espoleta que pone en marcha el deseo de venganza de mis asesinos. Porque yo soy de la opinión de que, en la realidad, más que asesinos en serie existen personas normales que, en una situación determinada y por algún motivo concreto, cometen un crimen. Cualquiera de nosotros podría convertirse en un asesino.

Y, a raíz de eso, en mis novelas pretendo que el lector acabe sintiendo empatía con mis asesinos. No que los justifique, pero sí que llegue a comprenderlos y a preguntarse: ¿qué hubiera hecho yo?

¿Cómo describirías el proceso de creación del personaje del inspector Pruna y su evolución a lo largo de la historia, especialmente en relación con su pasado y su conexión con el pueblo natal?

Las tres novelas que conformarán la trilogía con Pruna como protagonista son historias conclusas, es decir, cada una tiene un caso policíaco que empieza y acaba. Pero la historia vital del inspector Pruna evoluciona a lo largo de las tres obras.

En Pactos, la primera novela, nos encontramos con un personaje atormentado por un pasado que poco a poco iremos conociendo. Vemos a un Pruna que parece regodearse en el dolor que le produce ese pasado y que es conformista. Incluso diría que parece un poco masoquista… Esos recuerdos, ese pasado le tienen apartado de su ciudad, Gavà, porque sus calles, sus espacios, todo, le hacen añorar otra vida en la que sí fue feliz.

Al final de la segunda novela, Rencores, se empieza a intuir que Pruna ha empezado a hacer las paces con su pasado y con la ciudad.

Evidentemente, el pasado y muchos recuerdos de su adolescencia que tiene Pruna, también son los míos. Por tanto, he volcado en el personaje mucho de todo lo que yo he vivido en mi ciudad.

¿Qué desafíos enfrenta el inspector Pruna y su equipo al investigar el asesinato brutal y las muertes subsiguientes con una escenografía peculiar?

El equipo de Pruna tendrá que enfrentarse a un asesino que va dejando cadáveres en los restos históricos de la ciudad de Gavà. Además, esos cadáveres aparecen con una escenografía que tiene ver con la época histórica del monumento.

Evidentemente es una carrera contrarreloj para evitar, por un lado, más asesinatos y, por otro, que la ciudadanía no entre en pánico.

Además, Pruna deberá enfrentarse a un problema personal que hará tambalear sus pensamientos y su vida.

¿Qué papel juegan los lugares históricos de Gavà en la trama y cómo contribuyen a la atmósfera y la tensión de la novela?

En todas mis obras, Gavà no solo es el escenario de las historias. Es un personaje más. De manera que intento dar a conocer momentos e historias del pasado de la ciudad.

En Rencores, ya he comentado que aparecerán los restos históricos de la ciudad como escenario de los asesinatos. Eso nos permitirá conocer historias del Neolítico, de la época romana, de la Edad Media, de la Guerra Civil…

¿Podrías hablarnos más sobre la importancia de los objetos y recuerdos del hogar materno del inspector Pruna en su desarrollo como personaje y en la narrativa en general?

En el primer libro de la trilogía, Pruna se ve obligado a volver a casa de su madre, el que fue su hogar hasta que huyó de Gavà. Eso le hará enfrentarse a sus recuerdos y a sus pasados, algo que el inspector detesta, porque en su pasado está lo que no le permite ser feliz.

Esos recuerdos son importantes para conocer la trayectoria vital del personaje. Y a mí, como escritor, me permiten echar la vista atrás hacia mi adolescencia y mi infancia. Por la juventud de Pruna, la ciudad de hace años que pisó el personaje, es también mi juventud y mi ciudad.

Igual es cosa de la edad, pero me encanta mirar hacia el pasado… Creo que lo que somos hoy en día, es fruto de nuestro pasado. El pasado es lo único real que existe. Soy de la opinión de que no hay ni presente… El presente, en pocos segundos, ya es pasado.

¿Cómo integras la música, especialmente los discos, como parte de la narrativa de «Rencores» y qué función cumplen en la historia?

Yo soy de una generación en la que la música tuvo mucha importancia. Recuerdo aquellas tardes que los amigos quedábamos para escuchar música: nos sentábamos delante del tocadiscos, cogíamos las carátulas, leíamos las letras, comentábamos las canciones…

Todos tenemos una banda sonora vital, a la que ligamos momentos importantes de nuestra vida. Yo siempre digo que dejé de ser un niño y me hice mayor cuando escuché Minstrel in the gallery de los Jethro Tull…

Mis personajes son también de esa generación… Y tienen la capacidad de encontrar la canción cuya letra refleja lo que les está pasando en ese momento de la historia. Por eso mis novelas tienen banda sonora. Pero esas músicas no están de relleno o de fondo… Nos ayudan a entender el momento vital de los protagonistas.

Para mí, como escritor, eso me representa un trabajo arduo, pero muy satisfactorio, porque me hace rebuscar, redescubrir y reencontrarme con grupos y canciones que han conformado esa banda sonora personal.

¿Qué aspectos históricos o culturales influyen en la trama y en la motivación del asesino en la novela?

El asesino de Rencores y el inspector Pruna tienen una cosa en común: los dos están marcados por un hecho del pasado… Lo que sucede es que para el asesino aquel fue el detonante de su deseo de venganza. Ha pasado treinta o cuarenta años alimentando el rencor y malgastando su vida en pos de una venganza que, en el momento que llega, se da cuenta de que tampoco le sirve para restañar las heridas…

Eso es lo que quiero destacar siempre en mis obras… Ver como la venganza, el odio, el rencor, no arreglan nada. Has malgastado tu pasado emborrachándote de odio y has estropeado tu futuro cuando ves que tus heridas no se curan así.

¿Cuál crees que es el mayor desafío moral al que se enfrenta el inspector Pruna en su búsqueda del asesino?

Ya he comentado que mi objetivo es que el lector empatice con el asesino, que llegue a poder comprenderlo. Y eso le pasa también a Pruna. Él sabe de primera mano el dolor que puede producir el pasado. Pero el inspector repite a menudo una frase: “Uno es policía las veinticuatro horas del día”. Así que él sabe cuál es su labor.

Y también repite mucho otra frase: “Nosotros no estamos aquí para juzgar. Estamos para detener a un asesino”.

Pero, además, en la novela Pruna debe enfrentarse a otro enemigo oculto que lo asalta en el momento más inoportuno. Y hasta aquí puedo leer…

¿Qué puedes decir sobre el estilo narrativo y la estructura de la novela, incluyendo el uso de capítulos y momentos de respiro entre la acción?

Por lo que me cuentan mis lectores, mis novelas enganchan desde la primera página. Tal vez ese es uno de los halagos más importantes que puede recibir un escritor.

Mis novelas no tienen capítulos cortos, pero sí que dentro de cada capítulo hay divisiones que representan un cambio de escenario o de momento, de manera que creo que no se hacen largos.

Además, a lo largo de la historia se van intercalando algunos textos cortos, escritos en letra cursiva y en primera persona, que dan voz al asesino.

Una curiosidad de la que me dado cuenta con el paso del tiempo es que, en ningún momento, he hecho una descripción física de los protagonistas… Nunca he dicho si Pruna es alto o bajo, si lleva barba o tiene los ojos azules… Ni siquiera su edad, aunque este dato se puede entrever por su pasado y sus recuerdos… Prefiero que sea el lector el que le ponga cara.

En cambio, creo que sí describo exhaustivamente los lugares, los escenarios, porque estos sí que tienen mucho peso en la historia.

Para finalizar ¿algo que quieras comentar?

Solo decir que ya estoy de lleno en la escritura de la novela que cerrará la trilogía. Se titula Nunca y, aparte de los hechos criminales que Pruna tendrá que investigar, la mirada al pasado, que aparece en todas mis obras, nos llevará al año 1976. En esa fecha se realizó una de las primeras huelgas de la democracia: la huelga de la fábrica Roca, que duró noventa y seis días.

Pero aún queda bastante para que la novela esté en la calle… Mi objetivo es llegar para el Sant Jordi de 2025.

Mientras, aquellos lectores que lo deseen pueden descargarse gratuitamente desde mi página web (www.albertvillanueva.es) una precuela del inspector Pruna de veintipocas páginas que se titula Ultraje.

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