Entrevista Miguel Ángel García Argüez

Entrevista Miguel Ángel García Argüez

¿De dónde te viene la pasión por las letras y por contar historias a través de la escritura?

De la colección de cómics de la Marvel que mi tío tenía en su casa y que yo hojeaba de muy niño, sin entender del todo, pero sintiendo una extraña fascinación por las historias y las palabras (más que por los propios dibujos). Y luego de las novelas de Julio Verne. Y un poco después de jugar a traducir las letras de las canciones de Iron Maiden con un diccionario inglés-español. Y más tarde con las novelas de Stephen King. Y entonces, de repente, Julio Cortázar. Y ya el resto vino solo.

¿Cómo logras la inspiración para escribir y hacer carnaval? ¿Tienes algún ritual o lugar clave para ello?

No. Me temo que soy un escritor muy soso en sus métodos. Ni musas ni rituales. Para mí escribir tiene más de artesanía que de arte. El arte, si acaso aparece, estará (o no) en el resultado final. Pero personalmente vivo el acto de la escritura como un proceso más técnico que místico. Tampoco es que sea un trabajo ordenado de 8 a 3, ni mucho menos: soy desordenado, aunque constante. Mis procesos creativos están más cerca de los del taller del herrero que de los del estudio del artista, y desde luego muy lejos de los de la oficina de funcionario.

Has escrito diversos géneros literarios, ¿cuál te ha resultado más complicado?

El teatro. Quizás sea porque es el territorio que tengo menos transitado, pero es el que más me cuesta y en el que más inseguro me siento. Admiro mucho a la gente que escribe teatro. Es la narrativa más destilada y compleja. He escrito teatro, cierto,pero me encantaría saber hacerlo mejor.

Con la Escuelita de Carnaval muchos hemos podido apreciar la riqueza lingüística de las letras de las agrupaciones ¿Crees que se le da poca importancia a esa riqueza y la dificultad que supone hacer carnaval?

Afortunadamente, lo importante, que es el público, sí que sabe darle importancia, aunque no conozca ciertas claves y solo sea capaz de vislumbrar la riqueza que los textos de carnaval encierran percibiéndola a través de la emoción intuitiva. Pusimos en marcha la Escuelita de Carnaval para reivindicar esa riqueza creativa y, sobre todo, para enseñar a mirar y a disfrutar la tercera dimensión oculta que a menudo se esconde en las letras de carnaval, porque, desafortunadamente, los estudios académicos las han ninguneado como objeto digno de estudio. Aunque eso, por fortuna, parece que comienza cambiar.

¿Qué es lo mejor que te ha aportado la literatura?

Pues todo. A la literatura se lo debo todo. Me enamoré del lenguaje y de las palabras de muy adolescente y le pedí matrimonio precoz. Desde entonces vivo lujuriosamente casado con el lenguaje y seducido por su prodigiosa maquinaria. Por suerte la vida me ha permitido dedicarme a ello desde múltiples facetas: escribir literatura, enseñar literatura o, por supuesto, componer letras de carnaval.

¿Crees necesaria la formación lingüística y literaria a la hora de empezar a escribir un libro?

No, claro que no. Como no es necesario ir al conservatorio para aprender a hacer música. Desde luego, la técnica, los estudios y los conocimientos más o menos reglados sirven muchísimo, acortan caminos, multiplican tus recursos, te explican las mecánicas ocultas de lo que sabemos por intuición, abren tu mente y ejercitan tu creatividad, pero no son esenciales. La formación es muy conveniente y ventajosa para escribir, claro, pero no es necesaria. Ni mucho menos imprescindible. Lo único imprescindible es leer.

¿Cuál crees que es el papel social de las letras de carnaval? ¿son importantes para hacer pensar a la gente y despertar inquietudes en una actualidad llena de fake news y prensa ideológica?

Bueno, este tema es complejo. Quedaría como un rey si te dijera simplemente que sí, que son un elemento concienciador, la voz del pueblo y esto y lo otro, pero desde el momento en que todo está tan mediatizado por una competición tan descarnada, las letras de carnaval pueden ser tanto un arma de crítica y resistencia como el vehículo de repetición de los discursos hegemónicos del poder. También las coplas de carnaval pueden estar llenas fake news o de propaganda ideológica. Las coplas, realmente, crean espacios de comunión emocional más que de debate intelectual o político. Son elementos para el desahogo más que para la emancipación. Son catarsis. Son emoción. Está muy bien hablar de que es la voz del pueblo en lucha, pero eso no es del todo exacto y es un postureo que responde a veces a una deformación romántica y auto-idealizada, quizás algo narcisista. Sería muy bonito que fuera así, pero en el fondo todos sabemos que no. No nos engañemos. Aun así, uno trata de resistir y darle contenido social a lo que escribe, claro, pero muy consciente de las estrechísimas limitaciones a que se enfrenta cuando compone para una competición y un público que a menudo percibe el concurso de coplas como una lucha de gladiadores.

¿Qué cambiarias del COAC?

Otra pregunta imposible de responder con brevedad. Lo resumiré con una unpopular opinion:  La disolución del Patronato la viví más como una derrota de los carnavaleros que como una victoria. Cierto es que se había pervertido vilmente hasta convertirse en un coto de poder de gente más interesada que interesante, personajes oscuros y mediocres poco representativos del carnaval actual, pero para solucionar eso bastaba con reformularlo, pero no destruirlo. El Patronato, en teoría, podría haber sido una fórmula participativa, democrática, incluyente y muy interesante para organizar el concurso. Si hubiera funcionado bien y no se hubiera convertido en un coto de trapicheo personal de cuatro gatos, claro. Pero el mecanismo es viable, yo creía en él, estuve una temporada dentro, sé de lo que hablo. Y desde luego, un órgano de cogestión del COAC, aun con sus riesgos y peligros, es mucho más deseable que una organización en manos exclusivas de políticos, funcionarios y burócratas que no aman esto. Y no sé si he respondido o no a tu pregunta. Aunque creo que sí.

Escribir letras para el Carnaval de Cádiz es un privilegio, pero también una gran responsabilidad. ¿Puede llegar a limitarte a la hora de componer, o supone un aliciente más?

No, siempre lo he vivido y lo sigo viviendo con alegría y gozo. La responsabilidad que dices no me pesa en absoluto. Hasta ahora escribo sin dolor ni sacrificio alguno. Con rigor y entrega, pero sin pesar ni ansiedades. Al contrario. Para mí personalmente no deja de ser una dulce afición y, aunque la presión de escribir para “la élite” (vamos llamarla así) suponga un plus de presión mediática y de responsabilidad comercial (que la tiene, no sería honesto negarla), en el acto de componer sigue primando lo lúdico, lo popular, lo festivo y lo deleitoso. No hay sufrimiento ni nada heroico en hacerlo. No al menos para mí, que amo desde adolescente este emocionante juego que es escribir coplas de carnaval. Escribo jugando y juego escribiendo.

Para finalizar ¿algo que nos quieras decir?

Pues ¡muchas gracias por la entrevista!

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