Esperándote

Esperándote

Los primeros rayos de sol me alcanzaron mientras caminaba sin rumbo por una carretera completamente desierta. Todo estaba en calma. Las ramas de los árboles no se movían, ni siquiera me crucé con algún animalillo extraviado.

El coche me había dejado tirado a menos de un kilómetro de mi destino. No sé por qué, pero tengo la sensación de que debo hacer el camino que me queda a pie. Aún no tengo claro si estoy preparado para…

Tragué saliva con dificultad. ¿Cómo era posible? ¿De verdad… seguía viva? Yo… yo mismo la vi morir. ¿Acaso… estaba soñando? ¿Era una pesadilla?

Me pellizqué el brazo izquierdo para cerciorarme de que no era un sueño ni mucho menos. Grité de dolor; el pellizco me dolió más de lo esperado. ¡Joder! ¡No era un puto sueño!

Me temblaba todo el cuerpo. No podía dejar de apretar en mi mano izquierda esa carta que recibí hace un par de días. No… Debía tratarse de un maldito error.

¿Y entonces por qué estaba allí? ¿Qué me había empujado a venir a ese pueblo que tantos recuerdos me traía?

Bajé la mirada resignado. Algo en mi interior me decía que tenía que descubrir si de verdad seguía viva. ¿Y si la habíamos enterrado en vida?

Negué en silencio varias veces. Alcé de nuevo la mirada vislumbrando mi destino. Entrecerré los ojos emitiendo un largo suspiro. No me quedaría tranquilo hasta que descubriera la verdad.

La carta parecía quemarme en la mano. La había leído como cinco veces, y todas y cada una de sus palabras seguían resonando en mi cabeza como la primera vez que la leí.

Levanté el trozo de papel arrugado observando estupefacto. Es que era su letra. Esa caligrafía era inconfundible. ¿Me estaría metiendo en algún lío? Sólo había una forma de averiguarlo.

Amor mío:

Todo el mundo piensa que partí hacia un lugar donde se respira paz y tranquilidad. En parte… es cierto.

Me dolió mucho no poder despedirme de nadie, y en mi estado… Bueno… El último que quería que me viera así eres tú.

Has estado todo este tiempo a mi lado, cuidándome, sin importarte lo más mínimo que mi vida se fuera apagando con el paso de los días.

Pero no podía irme sin decir adios. ¿Recuerdas ese embarcadero donde nos vimos por primera vez hace más de diez años? Dentro de tres días estaré allí, esperándote…

Sólo espero poder terminar lo que empecé.

Miré una vez más la carta con el ceño fruncido. ¿Terminar con lo que empezó? No tenía ni idea de a qué se refería, pero el saber que tal vez estaba allí esperándome me daba fuerzas.

Sólo tenía que armarme de valor.

 

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