Entrevista Altea Cantarero

Entrevista a Altea Cantarero

¿Cómo se define Altea Cantarero?

Criatura que escribe (que lee). Altea Cantarero es escritora, es una mujer que escribe. Que ha escrito siempre, desde que recuerda, desde que tiene memoria, desde que empezó a imaginar el mundo entre las páginas de un libro. No ha sido hasta muy recientemente, apenas un año, cuando se ha decidido a sacar a la luz (dar a luz) su primera novela, su primera obra de ficción, una novela negra muy clásica en algunos aspectos, novedosa acaso en otros.

¿Cómo ha sido el proceso de documentación de tu novela?

Lento, a trompicones a veces, como he podido, como suelen ser estas cosas cuando, además de escritora (criatura que escribe), eres (principalmente) madre, con (otro) trabajo, pareja, persona con familia y arraigada en mundos varios a la que le queda, en realidad, poquito tiempo para escribir (¡todo un oficio en sí mismo!). Que tiene que rascarlo desde la pasión que le suscita robándoselo a otras horas y momentos, al sueño, a la noche, a una siesta, a otros tiempos en definitiva. Por mi trabajo habitual estoy acostumbrada a la documentación, de modo que sus procesos no han sido algo nuevo para mí. Por otro lado, la parte “documentaria” más importante no ha sido tanto la relativa a datos o fechas o atmósferas históricas como tales (sin desdeñarlas tampoco) como, antes bien, a ese elemento humano, oral, inestimable e imprescindible: la voz de las personas que vivieron aquel tiempo, una voz que a veces he podido recuperar en fuentes escritas pero que ha sido, sobre todo, la voz real y tangible de personas vivas que vieron ayer. Personas fundamentales para mí.

¿Crees en los ogros y su mundo?

Como decía G. H. Wells, hay otros mundos, pero están en este. Los ogros pueden adquirir los rostros y formas más insospechados; incluso, no tener ninguno, forma o rostro, encarnarse en el silencio o la ausencia, la mera inacción… ¿es el mal la ausencia de bien? Acaso, a veces. Creo que los ogros, los monstruos, el mal, como las hadas, las hechiceras o cualquier forma de deidad que imaginemos, son las formas que tiene nuestra conciencia, esa dudosa bendición de la evolución biológica (maldita tantas veces), de conjurar el miedo, la necesidad, el asombro ante lo indecible del mundo. Sí, creo en los ogros y su mundo, y nuestra necesidad de conjurarlos. No puedo sino creer, no puedo sino conjurar.

¿En cuál género literario ubicas tu novela?

Ogro es una novela negra. Es la primera entrega de una trilogía, la Trilogía del Ogro: Cuentos de Viejas. Sin embargo, aunque Ogro puede enclavarse plenamente en el noir (misterio, suspense clásico), creo que desborda los límites del género. El laureado escritor argentino Juan von Zeschau lo ha expresado mejor: “Altea Cantarero, aunque sin abandonarlo del todo, retuerce con elegancia al clásico modelo de detective del noir. Un policía experimentado pero decididamente bueno (porque Elcano es un hombre bueno, realmente bueno), se hunde en la más terrible maldad para descubrir al homicida, mientras el corazón se le estruja. Como diría Julien Sorel, ‘es la violenta impresión de lo feo en un alma hecha para amar lo bello’”. Así, en Ogro hay mucho más que un gran misterio que descubrir, y aunque ese sea el hilo conductor principal de la historia; enredadas en él, múltiples subtramas arman un entresijo donde, al fin, tocamos varias fibras elementales del corazón humano. El amor, el cuidado, la amistad… todo formas de amor, en realidad. Los límites de la verdad y el horror…

¿Tiene algún significado oculto el 15 de septiembre como fecha del asesinato?

El 15 de septiembre, como podemos leer en la propia sinopsis del libro, es la fiesta de las Angustias, de la Virgen Dolorosa, patrona de la congregación que rige el colegio de niñas donde sucede la historia. Una de las representaciones más tradicionales y poderosas de la Virgen Dolorosa la muestra con el corazón atravesado por siete puñales que simbolizan los siete pecados capitales. Ese es el comienzo de nuestro “cuento de viejas”: el cadáver de una joven monja aparece en la capilla del internado con el corazón profanado de esa guisa. Además, en Cuenca el santuario de las Angustias, tras la majestuosa bajada desde la plaza de la catedral, supone un enclave incomparable para recrear una historia de terror, pero también de amistad, de silencio, de valentía, donde, pese a los cruciales personajes masculinos, varias mujeres diversas, complejas, inasimilables, asumen un especial protagonismo.

¿Por qué ambientar tu novela en los años 60?

Porque la historia que quiero contar pertenece a entonces. Así me la narraron aquellas voces que os he dicho, voces reales de mujeres, sobre todo, de donde vienen algunas de las mimbres fundamentales de este cuento. Así me la he vuelto a contar yo mil veces, desde mi infancia, desde mis raíces en la Mancha conquense, en los pequeños pueblos de donde son oriundas las poderosas y a la vez frágiles niñas de mi historia. La historia es de entonces, pero es también de ahora, porque algunas de las cosas que cuenta son atemporales y universales. Las eternas preguntas por el bien, por la verdad. El eterno asombro, la fascinación ante el mal sin matices, sin vetas. Lo invencible de la ternura, pese a todo. El miedo, el silencio, el escondrijo. Sucedió entonces y por eso lo cuento así. Pero podía haber sucedido en una cueva hace milenios, y tal vez se repita en un futuro que ahora siquiera osemos imaginar. Los ogros, y sus conjuros, carecen de época, porque están en todas.

¿Consideras que las historias de los ogros son cuentos de viejas?

Sí, en un sentido muy fuerte y radical. Las viejas tienen mucho que contar, tienen todo que contar. Han sido las grandes olvidadas, las grandes desprestigiadas. Recordemos estas palabras emblemáticas de Erasmo de Rotterdamn, en 1516 nada menos: “Mas hoy en día, vemos que muchos toman deleite en leer las caballerías de Artús o de Lancelote y otras fábulas de ese género, no solamente provocantes a la tiranía, sino absolutamente ineruditas, necias, propias para ser recitadas por viejas para engañar el sueño al amor de la lumbre”.

Ante esta sentencia de Erasmo, padre del Renacimiento, ¿por qué Cuentos de viejas –subtítulo de mi trilogía- o Al amor de la lumbre –el que os anticipo como título de la segunda entrega-? Porque, frente a lo que se ha entendido siempre y todavía hoy, al menos en el mundo occidental, por “saber erudito” (un saber que no emergía de las mujeres ni siquiera cuando eran viejas, como bien apunta Erasmo), lo que quiero de mis libros es justamente lo contrario. No busco excitar intelectuales con mis novelas. Eso lo dejo para otras y otros, que lo harán con más empeño y mejor oficio que yo. Yo, mucho más humilde, lo que quiero es entretenerme y entretener a quienes disfruten leyéndome, engañar el sueño al amor de la lumbre, escribiendo justamente eso: cuentos de viejas al amor de la lumbre.

¿Hay una historia de amor que contar entre tanta penumbra?

¡No una sino varias! Amores de varias coordenadas, latitudes y longitudes. Porque el amor solo puede ser así, complejo y simple a la vez, una variada geografía humana. Rico. Trágico. Inapelable. En Ogro hay amor también en forma de las más poderosas versiones de la amistad. Y el amor de una madre, de un padre, de un hijo, ese amor loco y tierno y supremo. Y hay amores prohibidos, ocultos, secretos, cómo no. El amor puede ser el secreto más grande. Hay historias de amor (además de terror) en Ogro, algunas inconclusas o imposibles, pero Al amor de la lumbre, la segunda parte, promete más evolución en este sentido, también…

¿Qué buscas lograr en tus lectores?

Como cualquier escritor, supongo, busco lograr ese impulso de seguir volviendo la página. De quedarme también después, un poquito, ya terminado el libro (sí, jeje, busco también que terminen el libro, y que quieran más), quedarme en ellas, en ellos. Permanecer, resonar. Un poquito aunque sea. Esa resonancia de la que habla el maestro Stephen King. Que la historia quede después, incluso terminado el libro y guardado en el estante (o ahora su equivalente en nuestra carpeta del ebook), yendo más allá de la conclusión en sí del misterio (en lo que concluya, en otros aspectos queda siempre algo pendiente, algo latente). Que esos personajes que creé, como una diosa pagana y desconocida, de algún modo hayan sido reales por un instante en sus corazones, y quieran más: seguir sabiendo de ellos, acompañarles un poco más en sus tribulaciones, asomarse un rato más al albur dilatado de sus vidas. Todo eso y más… qué ambiciosos somos los escritores. Pero qué ambición tan hermosa. Y tan trágica.

Para finalizar, ¿algo que quieras decir?

Ogro es, como os contaba, la primera parte de una trilogía, cuya segunda entrega está en camino. Al amor de la lumbre, este próximo tercio, será una nueva historia autoconclusiva (como lo es Ogro), pero tendrá los mismos protagonistas, en la misma atmósfera, de hecho justo comienza su andadura al fin de Ogro, cuando se anticipa lo que vendrá… Como escritora novel, aún con su primera novela parida (mi primogénita), aspirar a ser leída era mi sueño máximo. Ese sueño se está cumpliendo, y cada lectora, cada lector, que me transmite haber disfrutado la historia, haber vivido un rato con ella, le da sentido a mi Ogro, y también a todos los que tengan que venir… Simplemente, gracias. Nos seguimos hallando en el camino de la lectura, de la escritura.

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