Entrevista Jaime Escribano

Jaime Escribano

«La Ciudad de los Inmortales» nos sumerge en el contexto histórico de la antigua Grecia durante la Guerra del Peloponeso. ¿Qué te atrajo particularmente de este período y cómo lograste recrear con autenticidad la vida y los conflictos de esa época en tu novela?

Desde siempre el mundo helénico me ha resultado muy sugerente. Sus mitos y sus historias parecen confundirse en un universo heroico, bello e inmortal. Sus aportaciones culturales además son invaluables, concretamente en la Atenas del siglo V a.C. donde se desarrolla La ciudad de los inmortales, ya que crearon la democracia como sistema político, el derecho, la oratoria, el teatro y fomentaron artes como la escultura, la pintura y la arquitectura, que alcanzaron cotas extraordinarias.

La recreación de un mundo como aquel es producto de haber leído prácticamente todo lo que nos ha llegado de su literatura e historiografía, además de muchas obras modernas sobre aquella época, tanto ensayo como ficción. Además, realicé un viaje por Grecia en el que visité todos y cada uno de los emplazamientos de la novela, y aquello no solo sirvió para conocer in situ las localizaciones, sino para respirar su historia y avivar mi imaginación.

La rivalidad entre Esparta y Atenas es un elemento central en tu historia. ¿Cómo equilibraste la representación de ambas ciudades y sus valores en la narrativa, mientras seguías la perspectiva de tu personaje principal, Dion?

Fundamentalmente manteniendo un enorme respeto por la memoria de ambas ciudades. Tendemos, con frecuencia, a valorar a partes de un conflicto, a una como la parte buena y la otra como la parte mala; sin embargo, mi pretensión era mostrar tanto las virtudes como las debilidades de ambas ciudades. Sin duda, las dos tenían sus buenas razones en aquella guerra, y es algo que Dion irá averiguando en el transcurso de la historia.

Alcibíades es un personaje intrigante y admirable que influye en Dion. ¿Podrías hablarnos sobre la importancia de esta relación en el desarrollo de la historia y cómo refleja las complejidades de la política y la lealtad?

Alcibíades es un personaje atractivo, persuasivo, inteligente y audaz. Sin embargo, tiene algo que puede a todo lo demás: su ambición. Dion tiene mucho dinero y Alcibíades logra convencerlo para atraerle hacia sus intereses. ¿Cómo lo hace? Ofreciéndole todo lo que Dion desea.

En un primer momento Dion no quiere ver las implicaciones morales de lo que Alcibíades le promete, a pesar de las advertencias de Sócrates, pero según van transcurriendo los acontecimientos, Dion debe decantarse. Aquí, una vez más, nada es tan sencillo como ser moral o inmoral, ni el deber hacer lo justo o lo injusto, pues la dificultad estriba, precisamente, en dirimir qué acción es la correcta en cada caso.

La figura de Sócrates también aparece en la trama. ¿Cómo integras sus enseñanzas y filosofía en la narrativa y cómo influyen en las decisiones y acciones de Dion?

Las enseñanzas de Sócrates están integradas en la novela de la misma forma que lo hacía él, es decir, a través de diálogos. Sócrates no daba discursos magistrales, su método para enseñar era el conocido como mayéutica, que consistía en dar la razón a la persona con la que hablaba y luego ir haciéndole preguntas para ir dirigiendo sus respuestas y que él mismo, sin darse cuenta, terminase diciendo justamente lo que el filósofo pretendía. En La ciudad de los inmortales hay buenos ejemplos de ello.

En cuanto a cómo influyen las enseñanzas de Sócrates en Dion, hay que decir que no de una manera inmediata, ni directa. Como sucede muchas veces, acudía al maestro a pedirle consejo pero luego no le hacía caso. Solo a través de su propia experiencia y de los errores que comete va percatándose de que, en el fondo, Sócrates siempre había llevado razón.

Roxana, la mujer enigmática, agrega una dimensión de pasión y traición a la historia. ¿Cómo abordas la construcción de personajes femeninos en un entorno histórico donde las dinámicas de género eran diferentes a las actuales?

En La ciudad de los inmortales aparecen varios personajes femeninos y todos desempeñan un papel muy diferente. El papel de las mujeres en la antigua Grecia variaba mucho dependiendo de si eran mujeres ciudadanas, extranjeras, o hetairas. En la novela vemos claramente la diferencia de roles sociales que desempeñan cada una.

El caso de Roxana es muy especial. Es una mujer que parece revelarse contra todos los roles que le han sido asignados y a la que no le importan las consecuencias de ello. Desde el principio eso marca una diferencia notable con todas las mujeres que ha conocido Dion. Pero ni mucho menos su atractivo termina ahí. Roxana es un verdadero reto para él y termina por romper completamente su mundo.

La ambientación histórica detallada puede ser un desafío. ¿Cuál fue tu proceso de investigación para garantizar la precisión histórica y cómo lograste fusionarla con la trama y los personajes de manera cohesiva?

Como dije antes, la clave es la documentación y la lectura de obras relevantes acerca de esa época. Luego, cada detalle debía ser contrastado, desde cómo y dónde se sentaban a comer, de qué manera servían el vino o qué tipo de prendas usaban. Todos esos detalles son importantes porque configuran el trasfondo verosímil que requiere una obra de este género.

Respecto a los hechos históricos, hay que ser muy minucioso también y encajarlos con la trama en el orden correcto; con lo que, una vez más, todo pasa por documentarse mucho.

La política desempeña un papel importante en la novela, influyendo en las decisiones de los personajes y en el curso de la guerra. ¿Cómo lograste transmitir las tensiones políticas y las rivalidades en un contexto en constante cambio?

A través de los personajes. Sus aspiraciones y miedos, sus frustraciones, la desconfianza generalizada, y la ambición como trasfondo de todo representa la realidad de sus vidas y de la política de la ciudad. Cuando ves cómo cada uno intenta conseguir sus objetivos, legítimos para todos ellos, a través del engaño, la imposición, la manipulación y la seducción, te das cuenta de que no es la política la que influye en los personajes, sino que es justamente al contrario.

El proceso creativo es único para cada autor. ¿Qué estrategias utilizaste para mantener el equilibrio entre la trama histórica y la narrativa ficticia, y cómo lograste dar vida a personajes complejos y emocionantes?

Mezclando dos cosas fundamentales: un conocimiento exhaustivo de los acontecimientos históricos y una empatía absoluta con los personajes. Cuando digo empatía me refiero a una comprensión por sus motivaciones. Es muy importante cuando escribes una obra compleja como esta, en la que hay muchos personajes y en la que cada uno de ellos tiene sus propios anhelos y formas de actuar, no caer nunca en los juicios de valor. Todos actuamos de la forma que lo hacemos por una serie de razones y comprenderlas y ponerse en la piel de cada personaje te lleva a una riqueza absoluta en sus caracterizaciones y en la profundidad de la historia. Al final, cada lector decide qué personajes le caen mejor y cuáles peor, o con cuál está más de acuerdo, pero estoy seguro de que, en la mayoría de las ocasiones, no le resultará una decisión fácil.

¿Cómo conseguí el equilibrio entre la trama histórica y la narrativa ficticia? Pues, aunque resulte extraño decirlo, la trama estaba urdida desde el principio, pero luego me fueron llevando los personajes.

A medida que los lectores exploran la Grecia antigua a través de tu novela, ¿qué esperas que sientan o experimenten? ¿Hay algún mensaje o reflexión que desees que se lleven consigo después de cerrar el libro?

Lo primero que el conocimiento es placer. La historia no es una sucesión de acontecimientos que hay que recordar, sino que sumergirse en una época pasada donde ocurrieron cosas asombrosas y en la que vivieron personajes increíbles es algo apasionante. Y eso debe ser una novela histórica: una ventana a mundos pasados fascinantes de los que podemos aprender muchísimo y entretenernos con historias que ocurrieron de verdad.

En el caso de La ciudad de los inmortales deseo que despierte la curiosidad y la pasión por el mundo griego antiguo, ya que fue un universo lleno de mitos y de personajes reales que bien merecerían ser mitos, además de ser una cultura estéticamente y culturalmente fascinante.

Para finalizar ¿algo que quieras decir?

Muchas gracias por la oportunidad que me habéis brindado y por vuestro compromiso con los libros. Por muchas distracciones que nos ofrezca el mundo moderno, y por muy atractivas que sean, no deberíamos nunca olvidar que la lectura de un buen libro nos aporta algo que resulta totalmente insustituible: diversión y conocimiento.

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